El Gobierno español ha decidido suavizar su propuesta inicial sobre el consumo de electricidad en los centros de datos después de que el sector montara un numerito considerable. Ahora las instalaciones solo tendrán que cubrir el sesenta por ciento de su demanda con energías renovables durante las horas punta hasta el año dos mil veintinueve. La exigencia subirá al setenta por ciento en dos mil veintinueve y alcanzará el ochenta por ciento en dos mil treinta y dos.
La idea original pretendía imponer de golpe el ochenta por ciento durante todo el día, algo que provocó que las empresas pusieran el grito en el cielo. España se ha convertido en un paraíso para estos proyectos gracias a su energía barata y ya cuentan con inversiones de Amazon, Microsoft, Blackstone y Merlin Properties. La asociación SpainDC calcula que la capacidad se multiplicará casi por seis hasta llegar a dos coma cinco gigavatios entre dos mil veinticinco y dos mil treinta.
Pedro Sánchez ha calificado este negocio de extractivo y varios ministros repiten que estos centros podrían encarecer la luz para el resto de los mortales sin aportar gran cosa a la economía. La nueva versión también permite que la energía renovable provenga de plantas con hasta treinta y seis meses de antigüedad en lugar de dieciséis, y deja exentas a las instalaciones solares. El objetivo declarado es evitar que las empresas acaparen capacidad de la red sin construir nada útil.
Al final el Ejecutivo ha optado por una versión más light que priorice los proyectos que realmente se puedan ejecutar. Los centros de datos seguirán teniendo que aumentar el uso de renovables también en los periodos de segunda demanda, aunque con márgenes más cómodos que los planteados al principio. Todo apunta a que la nueva propuesta llegará esta semana al órgano consultivo correspondiente.
Mientras tanto, las grandes tecnológicas respiran aliviadas y los políticos mantienen la pose de guardianes de la red eléctrica. El tira y afloja entre quien quiere montar megacentros y quien teme que la factura suba a los vecinos sigue su curso habitual. Al menos por ahora, el ochenta por ciento ya no aparecerá de golpe como un susto en la factura.




