Valdemar Costa Neto salió con una nota más tibia que sopa de hospital: acepta la victoria de Lula pero deja caer que los gastos sociales del gobierno olían a compra de votos. Ni un “felicidades”, ni una mención al hijo Bolsonaro que la noche anterior juraba anular todo como si fuera un partido de fútbol con árbitro comprado.
Flávio, por su parte, pasó de “vamos a pedir la anulación total” a “solo revocamos la fórmula” en menos de veinticuatro horas, como quien promete dejar la cerveza y al día siguiente ya está pidiendo otra. El motivo: un ministro del Supremo alargó una hora la votación en todo el país porque la gente no llegaba por culpa del tráfico, la lluvia y, según algunos, porque el Uber se negaba a cruzar ciertas zonas.
Mientras tanto, el Partido Liberal presume de haber sacado 121 diputados federales, 29 senadores y seis gobernadores, pero parece más preocupado por los beneficios sociales que por explicar por qué su candidato terminó pidiendo revocación en vez de anulación. Los abogados ya tenían tres demandas listas desde antes de la segunda vuelta, una de ellas por un desfile de samba que usó a Lula como tema en el carnaval de 2027.
Al final, Lula se va a sentar por cuarta vez en la silla presidencial con ochenta años, mientras sus rivales siguen discutiendo si la elección fue más irregular que un sorteo de lotería en la casa de la suegra.




