Julio de 2026 llegó con números que parecen sacados de una película de ciencia ficción económica. México exportó 81 mil 420 millones de dólares y compró 82 mil 268 millones, ambos máximos históricos según el Inegi. Las ventas al exterior crecieron 43.7 por ciento anual, mientras las importaciones subieron 45 por ciento, como si el país hubiera decidido intercambiar mercancías a ritmo de tambor mayor.
El motor principal fueron las manufacturas no petroleras, que saltaron 45 por ciento. Estados Unidos se llevó la mejor parte con un aumento de 49.8 por ciento en compras mexicanas, mientras el resto del planeta apenas llegó al 21 por ciento. Dentro de las fábricas, lo no automotriz brilló con 64.9 por ciento de crecimiento hasta 59 mil 841 millones de dólares. Los electrónicos corrieron como si los persiguiera un inspector de aduanas imaginario.
Las importaciones de bienes intermedios alcanzaron 67 mil 132 millones, 56.3 por ciento más que el año anterior. El saldo mensual cerró con un déficit de 847.5 millones de dólares, pero el acumulado de enero a julio muestra un superávit de 9 mil 255 millones, casi ocho veces superior al registrado en 2025.
Al final, el comercio exterior mexicano se parece a un vendedor de garaje que descubre que su viejo inventario ahora vale oro. Los números no mienten, aunque la realidad a veces parezca exagerada.





