Donald Trump salió este jueves del Despacho Oval con cara de quien acaba de ganar la tómbola del pueblo y soltó la sentencia del día: Vladímir Putin no va a atacar ningún territorio de la OTAN. Ni con misiles, ni con droncitos molestos, ni siquiera con una mirada fea de esas que te dejan helado en la fila del súper.
El magnate restó importancia a los reportes de que John Ratcliffe, el director de la CIA, había viajado a Moscú a principios de semana para advertir a los rusos que ni se les ocurriera. Según Trump, el hombre de la agencia se reúne con su homólogo ruso una vez cada seis meses o cuando les da la gana, como dos compadres que se ven en la cantina a hablar de fútbol y de lo caro que está todo. “Mantienen una relación muy buena. No hubo ningún mensaje raro ni nada inusual”, soltó, como quien dice que su cuñado solo pasó a pedir prestada la trocasita.
Desde el Kremlin, Dmitri Peskov salió con el clásico “ay, qué exagerados” y calificó las informaciones de “historias alarmistas”. Según él, eso no tiene nada que ver con la realidad ni con las intenciones de Rusia, que —ojo al dato— se siente víctima de una “agresión” de los países europeos mientras lleva desde 2022 una guerra en Ucrania que ya ni la suegra más distraída se cree que es un simple malentendido de vecinos. Rusia ha desmentido varias veces que pretenda atacar a la Alianza Atlántica, con la misma convicción con la que un político niega haber comido del erario cuando le encuentran la factura del yate.
Mientras tanto, los servicios de inteligencia europeos y estadounidenses siguen contando los actos de sabotaje y los ataques de “zona gris” rusos en Europa: esas travesuras que no llegan a guerra abierta, pero que buscan debilitar la unidad de la OTAN y el apoyo a Ucrania. Es el equivalente geopolítico del cuñado que te desconecta el WiFi a escondidas, te cambia el control remoto de lugar y luego jura que él no fue, todo para que dejes de invitar a la fiesta al primo que no le cae bien.
En resumen: Trump de chill, el Kremlin ofendido, la CIA de visita de cortesía y Europa contando cuántas veces le han movido los muebles sin declarar la guerra. Como en toda buena telenovela de adultos, nadie cree del todo a nadie, pero todos fingen que la reunión de vecinos salió fenomenal.





