Dos capataces de la Fed quieren darle más látigo a la economía, el resto mira para otro lado

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Dos de los mandamases de la Reserva Federal de Estados Unidos han salido a decir lo que muchos sospechan: la medicina que le están dando a la economía no le está haciendo ni cosquillas. Con una inflación del 3.7% que se aferra a la vida como gato a una cortina, y un objetivo sagrado del 2%, estos señores creen que sus colegas deberían dejar de andarse con pañitos calientes y actuar de una vez. Uno de ellos, Jeff Schmid, básicamente dijo que tienen “trabajo por delante”, que es el equivalente corporativo a “estamos fritos y nadie quiere aceptarlo”.

La presidenta de la Fed de Cleveland, Beth Hammack, que ya había mostrado su descontento, lo explicó con la paciencia de una maestra de kínder: si no le bajan la fiebre a la inflación ahora, luego será más difícil que con un ibuprofeno de 600. Según ella, dejar la inflación por encima del objetivo es como esa mancha de vino en la alfombra: mientras más esperas para limpiarla, más se convierte en parte de la decoración permanente de la sala.

En su última junta familiar de julio, la mayoría de los miembros de la Fed votaron por dejar las tasas de interés quietecitas, en un rango de entre 3.5% y 3.75%. Sin embargo, las actas de esa reunión revelaron que el vestuario está dividido. Tres de ellos votaron en contra, pidiendo más acción, y varios otros murmuraban por los pasillos que si la inflación no se calmaba, habría que endurecer la mano, demostrando que el consenso en la Fed es tan sólido como un flan en pleno verano.

Por supuesto, no todos están en el equipo de los alarmistas. Susan Collins, de la Fed de Boston, cree que las tasas actuales sí están funcionando, aunque a paso de tortuga con reuma. Ella apoya la decisión de mantener todo como está, pero vigilará de cerca por si aparecen “nuevas perturbaciones”, una forma elegante de decir “si la cosa se pone más fea”. Mientras tanto, la credibilidad del banco central sigue siendo un tema de debate, especialmente después de una rueda de prensa del presidente Kevin Warsh que fue más inestable que tu conexión a internet en día de lluvia.

Así, mientras los cerebritos de la economía se reúnen en un parque nacional en Wyoming para debatir el futuro financiero del mundo, los ciudadanos de a pie solo podemos mirar. La próxima reunión es en septiembre, justo antes de las elecciones, aunque juran y perjuran que la política no influirá en su decisión. Una promesa tan creíble como la de “el lunes empiezo la dieta” después de un fin de semana de excesos.

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