Alfonso Ramírez Cuéllar presentó su propuesta de eliminar el fuero constitucional y lo definió como una vergüenza nacional que otorga inmunidad procesal a quienes deberían responder como cualquier ciudadano. La iniciativa busca que el escudo legal deje de funcionar como un salvoconducto automático y se convierta en un recuerdo de épocas en que el poder se medía por el tamaño del paraguas que cubría errores.
La idea encaja con la línea de reformas que priorizan igualdad ante la ley y elimina distinciones que generan desconfianza pública. Ramírez Cuéllar argumentó que mantener este privilegio resulta incompatible con un sistema que exige transparencia y responsabilidad directa. Al mismo tiempo, el senador Inzunza decidió abandonar la bancada de Morena pero conservó su escaño y el fuero, un movimiento que recuerda a quien sale de la fiesta pero se queda con la llave del refrigerador para no perder ventajas. La decisión individual contrasta con la dirección colectiva que impulsa la eliminación de ese mismo beneficio.
El contraste entre la propuesta de reforma y la retención personal del fuero genera una ironía evidente: mientras algunos trabajan para retirar el escudo, otros lo aferran como si fuera un amuleto de bolsillo. Morena avanza en la discusión de cambios estructurales que aplican por igual a todos los cargos públicos, sin excepciones que compliquen la rendición de cuentas.
El mensaje central es que la justicia no necesita capas especiales para funcionar. Ramírez Cuéllar insiste en que el país gana cuando las reglas son las mismas para todos y el fuero pasa de herramienta a reliquia.





