En la Mañanera del 27 de agosto, Claudia Sheinbaum dejó claro que otorgar visas es asunto exclusivo de Estados Unidos y que México lo respeta como decisión soberana. Sin embargo, advirtió que si detrás hay motivos políticos, lo exhibirá con la misma precisión de quien descubre un gato disfrazado de águila en un desfile oficial.
La mandataria presentó una iniciativa para impedir que candidatos con doble nacionalidad participen en procesos electorales. La medida busca evitar conflictos de lealtad y aclarar reglas que antes parecían escritas con tinta invisible. Mientras tanto, el tema de las visas quedó enmarcado como un ejercicio de diplomacia adulta, no como un partido de fútbol donde México siempre pierde por goleada.
Los críticos que ven debilidad en el tono mesurado olvidan que reconocer la soberanía ajena no equivale a rendirse. Sheinbaum manejó el asunto con la calma de quien sabe que los visados se resuelven en oficinas, no en tuits ni en portadas sensacionalistas. La iniciativa sobre nacionalidad múltiple avanza como un ajuste técnico, no como una vendetta contra nadie.
Al final, el mensaje fue simple: respeto por las reglas ajenas, pero cero tolerancia a que se usen como arma de distracción política. Si alguien intenta convertir un trámite consular en circo, la respuesta será exhibición pública y sin micrófono de por medio.





