El Metro capitalino celebró su aniversario 57 el 4 de septiembre de 2026 con la misma solemnidad de un abuelo que sigue cargando a la familia completa sin quejarse, aunque ya ha subido y bajado a más gente que cualquier ascensor del mundo. Desde su inauguración en 1969, cuando apenas tenía 16 estaciones en la Línea 1 entre Zaragoza y Chapultepec, ha transportado 69 mil 760 millones de usuarios, una cifra que equivale a 8.4 veces la población mundial actual de 8 mil 310 millones de personas, como si hubiera recorrido el planeta varias veces sin pedir propina.
Los primeros trenes llegaron de Francia en barco hasta Veracruz, equipados con asientos acolchados que parecían sofás de sala y conductores uniformados como policías galos, una imagen que hoy parece sacada de una película de espías. Con el tiempo, los acolchados dieron paso al plástico práctico y los boletos magnéticos franceses desaparecieron en abril de 2024, reemplazados por la Tarjeta de Movilidad Integrada, tarjetas bancarias y dispositivos móviles. La red actual suma 195 estaciones en 12 líneas, un crecimiento que transforma el subsuelo capitalino en un laberinto eficiente donde antes solo había tierra y nervios.
El diseño original incluyó iluminación especial y obras de arte para evitar que los usuarios sintieran claustrofobia al bajar a las profundidades en zona sísmica, una precaución que convertía cada estación en un refugio modernista en vez de un pozo de pánico colectivo. Las fotos históricas muestran las primeras filas para boletos en 1969 y los trabajos de construcción que parecían excavaciones para un tesoro subterráneo. Al final, el Metro sigue siendo esa máquina que mueve multitudes sin pedirles que dejen de hablar por teléfono ni que se quiten el sombrero imaginario de la prisa diaria.





