Washington. Estados Unidos salió este jueves a cantar victoria y anunció que desarticuló una operación de piratería informática china que andaba de cotilleo digital por el Departamento de Justicia, la NASA, la Reserva Federal, el Senado y otras agencias tan sensibles que hasta el café de la oficina tiene escolta. En un comunicado con aire de “los agarramos con las manos en la masa”, el Departamento de Justicia contó que incautó dominios de dos plataformas de piratería bautizadas QScan y QTRouter, esas herramientas que suenan a aplicación de escanear códigos QR pero resultaron ser más bien el pasadizo secreto del vecino fisgón.
Entre las víctimas también aparecen el Departamento de Energía, el de Salud y Servicios Humanos, los Institutos Nacionales de Salud y cuatro empresas sin nombre de Estados Unidos y Corea del Sur, o sea, un reparto tan variado como lista de invitados a boda donde nadie se conoce. Según la versión oficial, las plataformas las manejaba una empresa con sede en China, la Nanjing Xinjiuwei Network Technology Company, nombre que ya de por sí parece challenge de deletreo en plena resaca.
China, como era de esperarse, sacó el escudo diplomático. Un portavoz de su embajada en Washington mandó correo asegurando que no estaban familiarizados con el cuento, que el gobierno chino “se opone firmemente y combate todas las formas de ciberataques conforme a la ley” y que Estados Unidos usa los temas de ciberseguridad para “difamar o desacreditar” al gigante asiático. Traducción libre: “yo no fui, y además ustedes inventan para quedar bien en la foto”.
Así que el cuadro queda de antología: dominios confiscados, agencias federalmente sonrojadas, una empresa china en el centro del chisme y dos potencias tirándose el trapo de “tú espías más” como si fueran cuñados disputándose el control remoto. En esta telenovela de hackers, comunicados y negaciones por correo, el único que todavía no ha pedido autenticación en dos pasos es el sentido común… y ya le están intentando robar la contraseña.





