En el capítulo más reciente de la serie “Ideas que desafían la lógica”, un proyecto privado en Venezuela se ha propuesto levantar un campus tecnológico para inteligencia artificial en Guarenas-Guatire. Hablamos de más de 50 hectáreas dedicadas a un futuro que, por ahora, parece más lejano que el próximo aumento de sueldo. La propuesta es tan ambiciosa que suena a guion de película de ciencia ficción escrito durante un apagón nacional.
El pequeño gran detalle de este plan es que, para que las máquinas piensen, primero necesitan electricidad, un recurso tan estable en el país como el estado de ánimo de un adolescente. Para solucionar este inconveniente, los genios de TP AI Factory planean construir su propia planta termoeléctrica de 80 megavatios y hasta una instalación solar. Básicamente, es como organizar una fiesta y tener que traer no solo los refrescos, sino también el generador, los cables y un ingeniero eléctrico.
Al frente de esta odisea está Mikail Rojas, el director del preproyecto, quien con la sinceridad de quien busca un patrocinador para su equipo de chapitas, admitió: “Aquí nosotros tenemos el terreno, la idea y el preproyecto”. Traducido del lenguaje corporativo al español de a pie, significa que tienen un lote de tierra y un montón de buenas intenciones. Ahora solo les falta un socio con la tecnología, la experiencia y, sobre todo, una billetera a prueba de balas.
Para poner las cosas en perspectiva, el Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial 2024 ubicó a Venezuela por debajo del promedio regional en infraestructura, con una puntuación en centros de datos cercana a cero. El país ya tiene ocho centros de datos activos, pero este nuevo proyecto aspira a jugar en las grandes ligas, aunque todavía no sepan cuántos jugadores van a tener en el equipo. La capacidad del centro, la cantidad de procesadores y hasta los requerimientos de refrigeración son un misterio que se resolverá cuando aparezca el mecenas.
Actualmente, el proyecto se encuentra en una etapa exploratoria, buscando un “socio corporativo ancla” que le ponga el cascabel al gato. Están en conversaciones con compañías internacionales, lo que se asemeja a publicar un anuncio que dice: «Se busca socio multimillonario para aventura de alto riesgo en el trópico, no se garantiza retorno de inversión pero las anécdotas serán legendarias». Mientras tanto, el costo total del proyecto es una incógnita tan grande como la factura de luz que generaría.
El cronograma es optimista, por no decir fantasioso: completar la etapa de estudios y permisos en 2026 para arrancar la construcción en 2027. TP AI Factory tiene un terreno, una propuesta energética y un sueño futurista. Ahora solo queda esperar si aparece ese socio estratégico dispuesto a financiar la creación de un oasis tecnológico en medio del desierto eléctrico.



