Saquen las calculadoras y preparen los bolsillos, porque el Gobierno de Chile ha decidido combatir la precariedad con una jugada maestra digna de un genio de las finanzas. En un arrebato de generosidad sin precedentes, aprobaron un bono extraordinario de treinta mil pesos para los más pequeños. Con esta fortuna, se espera que la economía familiar reciba un empujón tan monumental que los niños podrán comprarse, al menos, un paquete grande de dulces y un refresco.
Este tesoro caído del cielo está dirigido a los menores de 13 años que pertenezcan al 80% de los hogares más vulnerables, según el oráculo conocido como Registro Social de Hogares. Lo mejor de todo es que el pago será automático, como por arte de magia y sin necesidad de llenar formularios absurdos. Parece que el Estado, por una vez, se dio cuenta de que ya tiene nuestros datos hasta para saber cuántas veces vamos al baño.
La ministra de Desarrollo Social y Familia, con cara de haber cumplido una misión heroica, explicó que el bono aliviará a miles de hogares que hacen malabares para llegar a fin de mes. Un compromiso de la Cuenta Pública que hoy se materializa en un billete que, con suerte, cubre una ida al cine sin palomitas. Sin duda, un gesto que pasará a la historia de las grandes soluciones económicas.
Pero esperen, que la trama se complica. Durante el debate legislativo, en un giro digno de teleserie, decidieron incluir a niños de hasta 13 años en modalidades de cuidado alternativo. Lo más gracioso es que para este grupo, que vive con la abuela o en familias de acogida, no será necesario cumplir con el requisito de ser pobre. Parece que tener parientes a cargo te da un pase preferencial en el reparto de la platita fiscal.
Y como si estuvieran planeando el futuro de la nación con una bola de cristal, el proyecto también contempla a los bebés que nacerán entre junio de 2026 y marzo de 2027. Así es, el gobierno ya está reservando el dinero para personas que todavía ni existen. Gracias a estas brillantes modificaciones, la fiesta del bono sumará a más de 79.000 nuevos beneficiarios.
En resumen, mientras la economía del país se debilita y se destruyen más empleos de los que se crean, la solución es un bono que no alcanza ni para un videojuego de oferta. Un aplauso cerrado para nuestros líderes, que demuestran una vez más su increíble capacidad para atacar los problemas de raíz con soluciones de bolsillo. ¡Qué genios



