La presidenta Claudia Sheinbaum presentó el Paquete Económico 2027 como una operación que promete bajar la deuda sin dejar de gastar en todo lo demás. Durante su Segundo Informe de Gobierno aseguró que habrá consolidación fiscal paulatina, pero mantendrá la inversión pública y los recursos para programas de bienestar, salud y educación. El discurso se escuchó como quien promete hacer dieta mientras sigue pidiendo postre.
En 2024 el déficit fiscal llegó a un máximo histórico de 5.8 por ciento del Producto Interno Bruto tras contratar deuda para terminar obras de infraestructura. El objetivo era bajarlo a 3.9 por ciento, pero los apoyos a Pemex impidieron el milagro y el indicador cerró en 4.8 por ciento pese a los recortes en otros rubros. Ahora la Secretaría de Hacienda proyecta que los requerimientos financieros del sector público quedarán en 4.1 por ciento este año.
Las calificadoras internacionales no parecen muy convencidas con el ritmo de ajuste. Moody’s bajó la nota soberana de México al último nivel del grado de inversión y señaló que el bajo crecimiento, el gasto rígido y los rescates petroleros complican todo. Standard & Poor’s mantuvo la calificación pero cambió su perspectiva a negativa porque considera que la consolidación fiscal avanza demasiado despacio.
Sheinbaum defendió que recuperar la rectoría del Estado no significa abandonar la disciplina fiscal ni creer que el desarrollo depende solo de más gasto público. Afirmó que se pueden tener finanzas sólidas que permitan invertir sin comprometer la estabilidad macroeconómica y al mismo tiempo garantizar derechos y fortalecer la soberanía energética. El mensaje oficial es que todo se puede hacer al mismo tiempo sin que nada se rompa.
Al final el plan suena a malabarismo presupuestal donde se baja la deuda, se mantiene el gasto social y Pemex sigue recibiendo recursos como un hijo que nunca termina de independizarse. Las calificadoras observan desde la orilla con cara de incredulidad mientras el gobierno insiste en que esta vez sí saldrá todo bien. El Paquete Económico 2027 promete responsabilidad, pero la factura sigue llegando con nombre y apellido.





