La inflación mexicana baja un poquito pero el Banxico sigue con el freno puesto

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La inflación en México decidió tomarse un descanso en julio y bajó al 3.12 por ciento, su nivel más bajo desde que el mundo parecía normal. El INEGI soltó los números y todo el mundo respiró aliviado, menos el Banxico, que sigue mirando el dato como quien revisa la cuenta del mes después de invitar a la suegra a cenar.

La inflación subyacente, esa que no se deja engañar con jitomates baratos, bajó a 3.95 por ciento pero sigue rondando el límite superior como un tío que no quiere irse de la fiesta. Las mercancías subieron un poquito y los servicios también, porque hasta el lonchero de la esquina decidió que su torta ahora vale más que un boleto de avión.

El Banxico mantuvo la tasa en 6.50 por ciento y avisó que no piensa bajarla hasta 2027, como si la economía fuera un hijo adolescente que todavía no puede manejar solo. Andrés Abadía, el economista de Pantheon, soltó que nada cambia sus pronósticos y que la tasa se quedará quieta el resto del año, tal vez hasta que el dólar aprenda a comportarse.

Entre los productos que más subieron están la cebolla, la vivienda propia y las taquerías, porque hasta el taco de suadero decidió ponerse existencial. Los que bajaron fueron el jitomate, el gas LP y los autos, como si el universo quisiera compensar el dolor de la cebolla con un poco de gas barato.

Morelos, Sinaloa y Baja California Sur fueron los estados donde más subió el costo de la vida, mientras Chiapas y Guerrero registraron deflación, probablemente porque hasta los precios decidieron hacer huelga. Al final, la inflación general subió solo 0.03 por ciento en el mes, una cifra tan pequeña que parece error de redondeo, pero suficiente para que el Banxico siga con cara de funeral.

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