Corea del Norte receta sopa de perro contra el calor de freidora

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¡Saca el abanico y el estómago valiente, que en la península coreana el verano pega más fuerte que suegra en plena discusión de herencia! Corea del Norte, siempre lista para mezclar amenazas de misiles con consejos de abuela desesperada, acaba de presentar la sopa de carne de perro y los caldos de ginseng como el remedio casero definitivo para no derretirse. Mientras el termómetro toca los 40 grados y en el Sur ya van 23 muertos por el calor (con récords de 42,5 °C que harían sudar hasta a una estatua de cera), los medios estatales norcoreanos intercalan bravuconadas militares con recetas dignas de un concurso de supervivencia absurda.

Un médico citado por el diario Rodong Sinmun soltó sin pestañear que la sopa de perro es “beneficiosa como aporte nutricional complementario”. O sea, cuando el aire acondicionado es ciencia ficción, lo que toca es echarle al caldero lo que pille. En el Sur esa carne también fue manjar veraniego durante años, pero la prohibirán en febrero de 2027, así que los del Norte se quedan con la exclusividad del plato más polémico del barrio. La agencia KCNA, por su parte, pone en un pedestal el samgye-tang: pollo relleno de arroz glutinoso, dátiles y ginseng que, según ellos, te sube la resistencia más que un café a las tres de la madrugada. En otros países asiáticos tiran de sopa de melón de invierno; aquí el menú es más… intensito.

Un periodista se plantó el domingo en la zona desmilitarizada que parte la península desde el armisticio de los cincuenta (porque paz firmada, ni en sueños). Al otro lado, la ciudad de Kaesong, autoproclamada capital de la sopa, brillaba entre ondas de calor como un espejismo de freidora. La bandera norcoreana más alta del mundo, en un mástil de 160 metros, colgaba lánguida y sudorosa. Mientras en Seúl mandaban a la gente a no salir ni a tirar la basura, con prismáticos se veía a siluetas pedaleando o currando en los campos como si el sol fuera un ventilador estropeado. Y para que no falte el postureo, la tele de Pyongyang presumió de playas de Wonsan a reventar desde las ocho de la mañana hasta el anochecer, estrenadas el año pasado por el mismísimo Kim Jong Un con pompa de desfile.

Claro que los medios no paran de alabar el “juche”, esa autosuficiencia sagrada de la dinastía Kim. Pero con más del 40 % de los 26 millones de habitantes pasando hambre según el Programa Mundial de Alimentos, la realidad del calor debe de ser menos glamurosa que el reportaje oficial. Una investigadora del Stimson Center apunta que tanto insistir en que hay agua y luz “garantizadas” huele a que ambos servicios andan más justos que sueldo a fin de mes. Y mira la ironía: el samgye-tang también triunfa en el Sur cuando aprieta el bochorno. “En verano tenemos más clientes que en invierno”, confiesa un restaurador de Seúl, demostrando que al menos en la sopa de pollo relleno las dos Coreas siguen compartiendo menú.

¿Será la sopa de perro el verdadero misil anticalor o solo otra receta para disimular que el país suda la gota gorda? Mientras tanto, entre banderas caídas y caldos humeantes, el verano coreano sigue más absurdo que telenovela a las tres de la tarde.

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