¡Saca las pancartas y el café bien cargado, que en Costa Rica la democracia está más caliente que gallo pinto a las siete de la mañana! Miles de personas salieron el jueves a protestar contra lo que ven como una embestida de la presidenta Laura Fernández al poder judicial, ese pilar que el país presumía más estable que mesa de abuela en Navidad. La mandataria de derecha, recién llegada al trono desde mayo, empuja una reforma de la justicia acusándola de quedarse dormida mientras el crimen organizado monta su propia telenovela de balaceras y miedo. El choque se puso más feo que discusión de herencia cuando la Sala Constitucional prorrogó a sus magistrados suplentes después de que el bloque oficialista le devolviera dos veces la lista de candidatos como quien rechaza el menú del día.
Fernández no se anduvo con mediaguas y les soltó el piropo de “golpistas” a los togados, mientras uno de ellos le devolvía el favor denunciando una deriva autoritaria digna de malvado de serie barata. Su reforma, dicen los críticos, dejaría la imparcialidad de la justicia más hecha polvo que promesa de político en campaña. Con gritos a favor de la división de poderes, la gente llenó pacíficamente la Plaza de la Democracia en San José. “Todos debemos defender nuestra democracia… estamos aquí para que no se traguen el poder judicial”, soltó April Rodríguez, tatuadora de 28 años. “El pueblo por fin despertó al sentir amenazada su democracia”, añadió Allen Solera, publicista de 56, con cara de quien acaba de descubrir que le movieron los muebles de la sala. Los carteles no se quedaron cortos: “Las resoluciones judiciales no son golpe de Estado” y “La justicia responde a la ley, no a las presiones”. La bronca se replicó en otras provincias y hasta le cantaron el “¡fuera Chaves!” al expresidente Rodrigo Chaves, mentor de Fernández y actual ministro de Hacienda, que ya traía su propio historial de peleas con los jueces.
A la fiesta se sumaron pesados como el fiscal general Carlo Díaz, el jefe del OIJ Michael Soto (blanco favorito de los dardos presidenciales) y hasta el expresidente Luis Guillermo Solís. Los magistrados juran que prorrogaron mandatos solo para evitar que el tribunal se quedara más paralizado que ascensor en hora punta. Pero el lunes la presidenta acompañó a su bancada a denunciarlos por usurpación de poderes ante la propia Corte Suprema. O sea, la clásica: “Te acuso de robarme el juguete mientras yo intento quedármelo”.
¿Terminará esto en abrazo de hermanos o en otra telenovela de poderes que se muerden la cola? Mientras tanto, Costa Rica demuestra que hasta en las democracias más tranquilas se puede armar un pollo digno de estadio cuando alguien toca la toga. El culebrón tico sigue más vivo que chisme en la fila del banco.



