Pekín afloja las reglas de pisos como quien regala churros en feria

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¡Atención, mortalitos con sueños de ladrillo! Las autoridades de Pekín acaban de decidir que el mercado inmobiliario chino, ese que lleva cinco años cayéndose más rápido que el ánimo de un lunes después de pagar la hipoteca, necesita un empujoncito desesperado. Los precios van en picada libre como si fueran un youtuber sin ideas nuevas, y el consumo de los hogares está más flojo que la promesa de “mañana empiezo la dieta”. En su época dorada, este sector era la cuarta parte de la economía del gigante asiático; ahora parece el primo lejano que solo aparece para pedir dinero prestado desde 2021.

A partir del 8 de agosto, bajan la vara para que los forasteros (esos sin el mítico “hukou” de residente) puedan comprar casa dentro de la Quinta Circunvalación, esa autopista que abraza el centro como una suegra entrometida. Antes pedían dos años seguidos pagando impuestos o seguridad social; ahora con uno basta. Es como pasar del examen de conducir completo a un “enséñame que sabes encender el coche y ya”.

Y no para ahí el festival de generosidad municipal: suben los topes de los préstamos del fondo de previsión hasta 1,2 millones de yuanes para solteros (unos 178.000 dólares de los de verdad) y el doble si hay dos sueldos en casa. Además, regalan complementos de hasta 600.000 o un millón de yuanes si te vas a los barrios de las afueras, eliges un piso “ecológico” o tienes dos o más críos. Básicamente, Pekín está gritando: “¡Compren, por favor, que esto se nos hunde más que la moral del que mira el extracto bancario!”.

¿Funcionará o será solo otro parche en el barco que hace agua? Mientras tanto, los no residentes ya pueden soñar con un piso en la capital… siempre que aguanten un año pagando como si les fuera la vida en ello. El ladrillo chino sigue en modo telenovela de drama infinito.

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