Perú, ese país que generalmente se comporta como el alumno aplicado de la clase económica de América Latina, acaba de recibir una nota roja en su boletín de calificaciones. La inflación en Lima se disparó a un 4,44% en agosto, su nivel más alto en casi tres años, y los culpables no son villanos de película, sino los sospechosos habituales que aterrorizan a cualquier adulto: los precios de la vivienda y las facturas de la luz y el gas.
Este ataque de nervios financiero no es nuevo, lleva gestándose desde marzo, gracias a una combinación de factores digna de una película de desastres. Una crisis nacional del gas, el aumento de los precios mundiales de los combustibles y un clima más inestable que un concursante de reality show han estado metiendo presión a los precios. A pesar de ser una de las economías más estables de la región, parece que a Perú también le ha llegado la hora de sentir el ardor de la inflación.
Mientras tanto, el banco central, bajo la batuta del eterno Julio Velarde, observa la situación con una calma que roza lo zen. Su objetivo de inflación es de entre el 1% y el 3%, una meta que han fallado en cumplir durante los últimos seis meses consecutivos. Su postura oficial es que este repunte es «temporal», la misma palabra que uno usa para describir una visita de la suegra con la ferviente esperanza de que se vaya pronto.
Para añadirle un poco más de pimienta a este guiso económico, los meteorólogos anuncian el regreso del fenómeno de El Niño, que amenaza con ejercer aún más presión sobre los precios de los alimentos a finales de año. Es como si, además de tener una gotera en el techo, te avisaran que viene un huracán, pero tú sigues insistiendo en que con una cubeta se soluciona todo el problema.
A pesar de este panorama, el gobierno peruano sigue apostando a que la economía crecerá entre un 3,5% y un 4% este año, impulsada por la venta de sus preciados recursos como el cobre y el oro. Este país andino es una potencia exportadora de metales y frutas, pero tanto la agricultura como la pesca, dos de sus motores económicos, están a punto de sentir el calor infernal del aumento de las temperaturas del Pacífico.
El comité de política monetaria se reunirá de nuevo el 10 de septiembre, y mientras tanto, la tasa de interés se ha mantenido inmóvil en 4,25% durante once meses, observando el caos desde la barrera con una tranquilidad pasmosa. Los peruanos, por su parte, miran sus facturas, luego miran al cielo, y se preguntan qué llegará primero: la estabilidad económica o un cardumen de peces ya fritos por cortesía de El Niño.





