Estados Unidos acaba de demostrar que tiene un problema de compras compulsivas más grave que el de su tía en temporada de rebajas. El déficit comercial de mercancías se disparó en julio hasta su nivel más alto desde marzo de 2025, dejando un agujero de 118.800 millones de dólares. La cifra fue tan escandalosa que dejó a todos los economistas, esos tipos que viven para predecir estas cosas, con la boca abierta y la calculadora echando humo por el sobrecalentamiento.
El boquete creció un 17,2% en un solo mes, impulsado por una avalancha de importaciones que subieron un 3,7%. El país se lanzó a comprar bienes de capital —computadoras, semiconductores y equipos de telecomunicaciones— con el entusiasmo de un adolescente en una tienda de videojuegos. De hecho, fue el mayor atracón de este tipo de productos desde 1993, una época en la que para conectarse a internet había que escuchar ruidos de otro planeta durante cinco minutos.
Pero mientras la tarjeta de crédito corporativa echaba humo, las ventas al exterior se tomaron unas vacaciones no remuneradas. Las exportaciones de bienes cayeron un 2,9%, demostrando que en el comercio, como en la vida, es mucho más fácil gastar que ganar. El gobierno achaca estas fluctuaciones a la guerra con Irán y a los problemas en la cadena de suministro, excusas que suenan tan convincentes como «el perro se comió mi tarea».
Aquí llega el giro argumental para salvar el día y evitar que cunda el pánico. Según una economista, este desastre financiero no es señal de debilidad, sino de una «fuerte demanda de productos de IA». En otras palabras, no es que el país sea un derrochador, es que está comprando diligentemente los componentes para construir a nuestros futuros amos robóticos. Una inversión a largo plazo que seguro no nos arrepentiremos de haber hecho.
Este festival de compras, como era de esperar, le va a pasar una factura al crecimiento del Producto Interior Bruto del tercer trimestre. El modelo de pronóstico de la Reserva Federal de Atlanta ya calculaba que el comercio le restaría puntos al crecimiento, y eso fue antes de conocer estas cifras. Mientras tanto, las solicitudes de desempleo están en mínimos históricos, lo que sugiere que todos tienen trabajo, probablemente para pagar la descomunal cuenta de la tarjeta de crédito nacional.





