Justo cuando creías que Best Buy ya era un fósil de la era pre-internet, junto al Discman y las videocaseteras, la tienda de electrónicos sale de su aparente tumba para recordarnos que todavía sabe cómo hacer dinero. La compañía presentó unos resultados tan buenos que los analistas de Wall Street tuvieron que limpiarse las gafas para asegurarse de que no estaban leyendo un informe de 2005. El paciente que daban por desahuciado acaba de correr un maratón.
La cadena de tiendas, que muchos veían con cara de lástima, se sacó de la manga un crecimiento de ventas comparables del 4,1%, su mejor resultado desde 2022. Esto fue suficiente para que los ejecutivos, probablemente con una sonrisa de oreja a oreja, elevaran sus pronósticos para todo el año, pasando de un panorama más gris que un lunes por la mañana a uno donde sí esperan un crecimiento de hasta el 3%. Las acciones, por supuesto, subieron como la espuma.
Y, ¿qué milagro está causando esta resurrección? Aparentemente, la gente sigue comprando computadoras y celulares, pero el verdadero motor del éxito parece ser una combinación de televisores (cuyas ventas crecieron más del 10%) y, agárrense, categorías nuevas como gafas con inteligencia artificial y tarjetas coleccionables, cuyas ventas se duplicaron. Sí, leíste bien: la gente va a Best Buy a comprar el kit de inicio de un personaje de ciencia ficción o de un coleccionista de los noventa.
La consejera delegada, Corie Barry, prácticamente se subió a una mesa a celebrar, declarando que han impulsado el crecimiento en casi todas sus categorías principales. Con ingresos de 9.800 millones de dólares en el trimestre, superando todas las expectativas, el mensaje es claro: Best Buy no solo sobrevivió al apocalipsis del comercio en línea, sino que parece haber encontrado la forma de prosperar vendiéndonos teles gigantes y cachivaches futuristas.
Este golpe de éxito llega justo cuando Barry se prepara para pasarle la batuta a un nuevo jefe el 1 de noviembre. Es la jugada perfecta: revivir a la empresa, demostrarles a todos que estaban equivocados y luego retirarse como una leyenda, dejando que el siguiente se encargue del changarro. Una salida triunfal para la mujer que logró que una tienda de la vieja escuela volviera a ser relevante.





