Este miércoles, la presidenta Claudia Sheinbaum explicó el estatus del T-MEC, que se ha convertido en una especie de cita triple donde uno de los integrantes decidió que era mejor tener dos citas dobles por separado. Dejó claro que México no está para juegos: la soberanía no se toca ni con un palo.
Resulta que Estados Unidos prefirió las conversaciones privadas, dejando a Canadá y Washington enfrascados en su propio drama de pareja, mientras México observa desde una mesa aparte. Sheinbaum confirmó esta movida, señalando que su gobierno no participó en el pleito ajeno. Recordó una lista de 54 barreras no arancelarias planteada por Trump, de la cual, con la eficiencia de un ninja administrativo, aseguró que ‘ya la mayoría’ están resueltas. Sobre los puntos que aún quedan pendientes en la mesa, la presidenta aplicó la de ‘no quisiera mencionarlos’, dejando a la imaginación si se trata de regular el picor de los jalapeños o el volumen de la música en los resorts.
La mandataria fue enfática al fijar su límite, afirmando que no firmará nada que afecte la soberanía o lo que su gobierno considera innegociable. Frente a la intención estadounidense de repatriar producción, Sheinbaum no se inmutó y contrapuso el ‘Plan México’, una estrategia para atraer más producción al mercado interno. La condición para aceptar cualquier cosa es que ‘no sea a costa de la producción de México’. Deseó suerte a los otros dos socios, con el mismo optimismo de quien ve a dos personas intentar compartir una sola sombrilla bajo un aguacero.



