El Tesoro de Estados Unidos intenta frenar una estampida de búfalos con un matamoscas

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En el último capítulo de la tragicomedia económica, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos está tratando de controlar los rendimientos de sus bonos, que andan más desbocados que un adolescente con la tarjeta de crédito de sus padres. Su gran plan maestro, digno de un coyote persiguiendo al correcaminos, tiene a los analistas serios rascándose la cabeza y, probablemente, buscando el bar más cercano para ahogar las penas. La situación es tan tensa que parece sacada de un guion donde el protagonista intenta apagar un incendio con gasolina.

Para demostrar que se toman las cosas en serio, decidieron duplicar su poder de fuego, pasando de recomprar 2,000 a 4,000 millones de dólares en deuda. Esta movida ocurrió justo después de que los rendimientos de los bonos a 30 años alcanzaran su nivel más alto desde 2007, superando el 5.34%. Básicamente, es como intentar curar una hemorragia masiva con una curita, esperando que el problema se resuelva por arte de magia antes de que alguien se dé cuenta.

Pero como en toda buena fiesta, siempre hay alguien que llega para aguarla. Los expertos de Eurasia Group publicaron un análisis que, en resumen, dice que los intentos del Tesoro son más inútiles que un cenicero en una motocicleta. Incluso el secretario Scott Bessent tuvo su momento de sinceridad, admitiendo que no pueden cambiar los precios del mercado, después de haber dicho que los rendimientos no tenían sentido. Un giro argumental más predecible que el final de una telenovela.

Los analistas, liderados por el aguafiestas en jefe Jon Lieber, señalaron la única solución real: reducir el déficit fiscal. Sin embargo, en el mundo de la política, pedir eso es como sugerirle a un gato que se dé un baño voluntariamente; es la herramienta más efectiva pero también la menos probable de usar. Se estima que por cada punto porcentual del PIB que se reduzca el déficit, los rendimientos podrían bajar entre 15 y 30 puntos base, pero claro, eso implicaría tomar decisiones adultas.

El Tesoro tiene otras supuestas herramientas en su caja de trucos, como cambiar la composición de la deuda o intervenir en el mercado cambiario. Los expertos advierten que ninguna de estas medidas, por sí sola, logrará algo significativo o duradero. Es el equivalente financiero a intentar arreglar un motor descompuesto dándole una nueva capa de pintura y esperando lo mejor.

Así que, mientras los peces gordos de Washington juegan a ser magos financieros con trucos que no engañan a nadie, el resto de nosotros observamos el espectáculo. El gobierno tiene un problema del tamaño de un elefante y está tratando de solucionarlo con herramientas de juguete. Abróchense los cinturones, porque parece que este viaje va a tener bastantes turbulencias.

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