Atención, apostadores de medio pelo y magos de las finanzas de garaje, porque el mandamás del Tesoro gringo, Scott Bessent, acaba de salir a la plaza pública a gritar que tiene el juego de la moneda japonesa más arreglado que elección en república bananera. En un arrebato de sinceridad que haría sonrojar a un político en campaña, Bessent retó a los operadores con un mensaje claro: “Pueden apostar en mi contra si así lo desean”. Básicamente, es como si el dueño del casino te dijera que sabe qué carta va a salir y aun así te invitara a poner tu quincena en la mesa.
Este ex tiburón de los fondos de cobertura, que antes se dedicaba a las mismas mañas que ahora combate, asegura que su ventaja es tener “información asimétrica”, que en el idioma de la gente común significa “yo sé los resultados del partido antes de que empiece”. Bessent alardea de su compadrazgo con la ministra de Finanzas japonesa, Satsuki Katayama, con quien coordina las intervenciones como si estuvieran organizando la parrillada del domingo. Es decir, cuando él mueve un dedo, ya sabe qué van a hacer al otro lado del Pacífico, dejando a los especuladores con la misma cara de sorpresa que uno pone al ver el recibo de la luz.
Y para que nadie piense que esto es puro choro, los números hablan por sí solos. Japón ya se gastó la friolera de 96,400 millones de dólares entre julio y agosto para apuntalar su moneda, una cantidad con la que podrías comprar varias islas pequeñas y declararte rey. No contento con eso, Bessent dejó ver “accidentalmente” en su libreta de apuntes que está dispuesto a meter hasta 10,000 millones de dólares más. Es el equivalente financiero de sacar un bate de béisbol en medio de una discusión para dejar claro tu punto.
La jugada ha puesto a los mercados más nerviosos que a un gato en un cuarto lleno de mecedoras. Algunos analistas, como Tadashi Matsukawa, lo tienen claro: “El mensaje es no desafiar al secretario”. Sin embargo, no todos están convencidos de la genialidad de Bessent. Su propio ex mentor, el multimillonario Stanley Druckenmiller, ha sugerido que su antiguo alumno está cometiendo un error garrafal, lo que añade un sabroso toque de telenovela familiar a las finanzas globales.
Mientras tanto, el yen se ha ido fortaleciendo y los rumores apuntan a que el Banco de Japón podría subir las tasas de interés el 18 de septiembre, lo que le daría más munición a Bessent. Por supuesto, hay quienes creen que todo es un farol gigantesco y que el secretario no tiene más información que la que ya todos conocen. Sea como sea, su actitud de “ahora soy la casa” ha dejado claro que las viejas reglas ya no aplican.
Al final, ya sea por genio, por bravucón o porque de verdad tiene línea directa con los dioses del dinero, Bessent está moviendo el tablero a su antojo. Los fondos de cobertura ahora apuestan a que el yen se fortalecerá aún más, cambiando de bando más rápido que un panqueque en el aire. Mientras los peces gordos se pelean, el resto de nosotros seguiremos tratando de entender por qué el aguacate sube de precio otra vez.



