La OPEP produce menos petróleo que excusas en una junta de lunes por la mañana

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Resulta que el exclusivo club de petroleros de la OPEP tuvo un agosto más seco que cuenta bancaria en enero. Su producción de crudo se fue en picada, poniendo fin a un par de meses en los que fingieron que todo iba de maravilla. La caída fue de unos 900.000 barriles diarios, para quedar en unos modestos 19,91 millones, una cifra que para ellos casi suena a propina de fin de semana.

El principal aguafiestas es Arabia Saudita, que parece tener más problemas para sacar su petróleo que un adolescente para levantarse de la cama. Por un lado, tienen un lío en el estrecho de Ormuz, y por el otro, los rebeldes hutíes les complican la vida en el mar Rojo. Es como intentar salir de casa y descubrir que tus dos únicas puertas están bloqueadas por vecinos molestos. Como resultado, su producción se desplomó en 1,12 millones de barriles diarios, una dieta forzosa que nadie pidió.

Y como en toda mala comedia, el chiste lo pagamos nosotros. Toda esta inestabilidad está empujando el precio del barril de crudo Brent a casi 100 dólares, una cifra que hará que tu próxima visita a la gasolinera se sienta como una cita con un usurero. Mientras ellos se pelean, nuestras carteras empiezan a sudar frío y a buscar un segundo trabajo. Prepárense para desempolvar las bicicletas y los patines del diablo.

Para no decir que todo fue un desastre, Irak y Venezuela intentaron salvar el día, pero fue como intentar apagar un incendio con una pistola de agua. Irak añadió 270.000 barriles diarios y Venezuela, en medio de su propio culebrón político con Estados Unidos, aportó 70.000 barriles extra. Lo más jugoso es que Venezuela ahora anda de manita sudada con Washington, lo que tiene al resto de la OPEP mirándolos con más recelo que a un cuñado que pide dinero prestado.

¿Y cuál es el brillante plan de la OPEP y sus amigos para solucionar este embrollo? Pues, básicamente, seguir con el plan que ya tenían, que es como decir que su estrategia para la tormenta es no cambiar de paraguas. Acordaron mantener los objetivos de producción sin cambios para octubre, mientras se dedican a una emocionante auditoría para ver quién tiene qué. Es la versión corporativa de «vamos a hacer que parezca que trabajamos».

Mientras estos genios de las finanzas terminan su papeleo y deciden quién puede producir cuántas gotas en 2027, el resto de los mortales podemos irnos preparando. La próxima vez que llenes el tanque y veas el precio, recuerda que no es inflación, es el costo de la entrada a este circo geopolítico. Y lo peor de todo es que ni siquiera es divertido.

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