Parece que el yen japonés se cansó de ser el eterno debilucho del patio de recreo financiero y decidió apuntarse al gimnasio. De la noche a la mañana, la moneda nipona se infló de esteroides, le dio un sopapo al dólar y rompió la barrera de los 155 como si fuera una piñata de cumpleaños. Con una subida de casi un 4% este mes, el yen se pavonea como el rey del mambo, dejando a los especuladores con la misma cara de sorpresa que si vieran a su abuela ganando una carrera de motos.
Este ataque de furia monetaria provocó un pánico digno de película de desastres. Las famosas «órdenes de corte de pérdidas», que son básicamente el botón de expulsión de los pilotos financieros, se activaron en masa. Esto desató una venta de dólares más desesperada que la de un político en campaña electoral. Un operador anónimo, que seguramente no quería que su jefe supiera que estaba sudando frío, confesó que el mercado se convirtió en un sálvese quien pueda.
¿Y por qué este repentino ataque de valentía? Pues porque corren rumores de que el Banco de Japón está pensando en dejar de regalar el dinero, una idea tan revolucionaria como ponerle piña a la pizza. Las autoridades, por su parte, salieron a decir que «observan de cerca el mercado», que es la forma elegante de admitir que no tienen ni idea de qué hacer, pero que quieren parecer ocupados y responsables mientras miran los gráficos con cara de preocupación.
La fiesta se les aguó a los listillos del «carry trade», esa estrategia de pedir yenes prestados casi gratis para invertirlos en activos más jugosos. Ahora, es como si el amigo tranquilo al que le pediste cinco euros te estuviera esperando en la puerta de tu casa con dos primos de Albacete para cobrarse la deuda con intereses. La onda expansiva del yen no solo ha afectado al dólar, sino que también está zarandeando al euro y a la libra esterlina.
Ahora, todos los ojos están puestos en los próximos datos de inflación de Estados Unidos y en la reunión del Banco de Japón, como si fuera el último capítulo de una serie malísima. ¿Se atreverán por fin a subir los tipos de interés o solo nos darán otro discurso para inducir el coma? Los analistas, esos gurús que cobran por adivinar el futuro, predicen que el yen podría seguir fortaleciéndose hasta la zona de los 152.
Al final, este circo demuestra que la economía global tiene la misma estabilidad emocional que un concursante de telerrealidad. Mientras los grandes cerebros mueven los hilos, los demás solo podemos aferrarnos a nuestras carteras y esperar que la próxima sacudida no nos deje en números rojos. Porque en este casino, la casa siempre gana, y nosotros apenas tenemos para las fichas.





