El cobre se sube a la parra y su precio se dispara más que la cuenta del bar en fin de semana

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Atención, mortales con carteras temblorosas, porque el cobre, ese metal rojizo que hasta ayer solo te importaba cuando te robaban el cableado, ha decidido que es una superestrella. Por segunda sesión consecutiva, su precio ha alcanzado un máximo histórico, pavoneándose en la Bolsa de Metales de Londres como si fuera el rey del mambo. Parece que el humilde metal se ha cansado de ser el segundón y ahora cuesta más que una cena para dos en un sitio de moda.

El culpable de este drama es un cóctel explosivo de escasez y especulación. Por un lado, los gringos, temiendo unos nuevos aranceles, están aspirando todo el cobre refinado del planeta como si no hubiera un mañana, vaciando los almacenes más rápido que un bar en hora feliz. Esto ha provocado una situación que los sabelotodo llaman «backwardation», que en español de la calle significa «¡corran, que se acaba!», y demuestra que hay menos cobre disponible que políticos honestos.

La cosa no mejora a largo plazo. El cobre se ha revalorizado un 17% este año, una cifra que tu sueldo solo ve en sueños húmedos. La razón es que todo lo moderno lo necesita: desde los centros de datos que guardan tus memes hasta los cacharros de energía renovable y las redes eléctricas. Sin cobre, tu teléfono sería un pisapapeles carísimo y tu coche eléctrico, una maceta con ruedas.

Para echar más leña al fuego, desde China, el mayor consumidor mundial, se frotan las manos esperando que la demanda se reactive. Un tal Jia Zheng, de una empresa con un nombre más largo que un día sin pan, predice que el metalito alcanzará los 15.000 dólares con la misma facilidad que tú encuentras una excusa para no ir al gimnasio. Mientras tanto, las reservas en Shanghái están más bajas que la moral un lunes por la mañana.

Y mientras el cobre se da su baño de gloria, otros metales intentan subirse al carro del éxito como teloneros de una banda famosa. El zinc y el aluminio también subieron un poquito, tratando de llamar la atención, pero está claro quién es el divo del momento. Así que prepárate, porque la próxima vez que te quejes del precio del cable para cargar el móvil, ya sabes a quién echarle la culpa.

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