Adiós infancia, hola ansiedad financiera: padres lanzan a sus hijos a la bolsa de valores

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¿Se acuerda de cuando la mayor preocupación financiera de un niño era juntar para el álbum de estampitas o para las maquinitas? Pues olvídelo. La nueva moda es que los mocosos, en lugar de rasparse las rodillas en el parque, se estresen revisando el índice Nasdaq. Conozca a Ian Martin, un joven que a los 14 años, en vez de pedir una consola de videojuegos, usó los 800 dólares de sus regalos de Navidad para comprar acciones de Nike, Starbucks y Tesla. Así es, mientras sus amigos aprendían a socializar, él ya practicaba para ser un futuro lobo de Wall Street.

Este fenómeno no es casualidad, sino el resultado de una generación de padres con más remordimientos que un político en campaña. Como ellos empezaron a ahorrar para el retiro a los 30, ahora le endosan su pánico existencial a sus hijos. El mensaje es claro: “hijo, el mundo que te heredo está en ruinas, la inteligencia artificial se comerá tu trabajo y la seguridad social será un mito, así que más te vale que aprendas a especular con acciones antes de que te salgan granos”. Es la versión moderna de “cómete las verduras”, pero con un toque de apocalipsis económico.

Por supuesto, los buitres del sector financiero ya olieron el negocio y se lanzaron en picada. Empresas como Charles Schwab y Acorns han creado cuentas de inversión “para niños”, que es como ponerle rueditas de entrenamiento a una motocicleta. Acorns incluso permite a los padres asignar tareas domésticas y que la paga se vaya directo a un fondo de inversión. Pronto veremos niños exigiendo un aumento en su mesada no para comprar dulces, sino para diversificar su portafolio con acciones de Google y Amazon.

Las cifras confirman que esta locura es colectiva. Una encuesta de Schwab reveló que al 73% de los padres les parece crucial que sus hijos adolescentes aprendan a invertir, y casi el 60% de los chamacos ya estaban familiarizados con el tema antes de cumplir los 13. Mientras tanto, los clientes de Greenlight, de entre 15 y 18 años, ya han invertido la friolera de 9.2 millones de dólares este año. Prefieren marcas grandes y conocidas, probablemente porque son las únicas que reconocen de los anuncios entre sus videos de TikTok.

Claro que existen “riesgos”, según los expertos con cara de preocupación fingida. Advierten que los adolescentes podrían confundir la inversión con el juego, ¡qué sorpresa! O peor aún, que su frágil autoestima quede atada al rendimiento de sus acciones, como si la de los adultos no lo estuviera ya. Imagínese la tragedia: un joven de 17 años con una crisis existencial porque su inversión en Apple bajó un 2% mientras se tomaba la leche con chocolate.

En fin, la moraleja es que la infancia ha sido oficialmente cancelada y reemplazada por un seminario intensivo de capitalismo salvaje. Los sueños de ser bombero o astronauta han sido sustituidos por la ambición de superar el rendimiento del mercado. Así que ya sabe, la próxima vez que vea a un niño, no le pregunte qué quiere ser de grande, pregúntele cómo va su portafolio. Probablemente le vaya mejor que a usted.

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