Presidenta Responde a Examen Hecho con Ábaco

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Mientras el país entraba en un pánico digno de invasión alienígena por los resultados PISA 2025, la presidenta Claudia Sheinbaum apareció con la calma de un monje zen. El 8 de septiembre, enfrentó los números que, como cada año, provocaron un drama colectivo de proporciones operísticas, colocando a México por debajo del promedio de la OCDE.

Con la paciencia de quien le explica el internet a su abuelo, la presidenta Sheinbaum recordó lo obvio: una prueba estandarizada para países tan distintos es como juzgar a un chef, un astronauta y un mimo con un examen de contabilidad. Cuestionada sobre el retroceso, relativizó la caída señalando que el fenómeno fue global. “Bajó en todos los países de la OCDE”, puntualizó sobre la lectura, atribuyéndolo al cerebro frito por las plataformas digitales, un detalle que hasta los mismos burócratas de la OCDE reconocen en su reporte. En matemáticas admitió una disminución, pero en el tono de quien comenta que llovió en todo el vecindario, no solo en su patio. Mientras el director de la OCDE, Andreas Schleicher, calificaba el asunto de “obviamente grave”, Sheinbaum destacaba el incremento en ciencias, un claro respaldo a su Nueva Escuela Mexicana. Aunque los estadísticos de traje gris matizaron que la fluctuación era pequeña, el mensaje fue claro: mientras unos lloran por la leche derramada, aquí ya se está ordeñando a la siguiente vaca.

Al final, la lección no vino de la prueba PISA, sino de la conferencia: el pánico mediático es temporal, pero la calma presidencial es para siempre. México sigue su camino, mientras la OCDE probablemente ya está diseñando su siguiente examen de opción múltiple para medir la felicidad.

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