En un giro de los acontecimientos más predecible que el final de una telenovela, Ecopetrol ha decidido que no va a soltar a su filial ISA. Aparentemente, la gallina de los huevos de oro es más valiosa que una aventura incierta. El director financiero, Camilo Barco, básicamente dijo que mientras el negocio del petróleo sube y baja más que el ánimo de un adolescente, ISA es la pareja estable que paga las cuentas a tiempo y no pregunta por qué llegaste tarde a casa. Así que, por ahora, el divorcio queda cancelado.
La cosa es que había un chisme jugoso rondando por ahí: la posible venta del 51.5% de ISA por la módica suma de 4,500 millones de dólares. Con esa plata, Ecopetrol podría pagar deudas y darse unos cuantos lujos. Pero no, han decidido que prefieren la seguridad de un ingreso fijo a una montaña de billetes que se gastarían en quién sabe qué nueva exploración petrolera. Es como preferir una noche de Netflix y pizza a una fiesta salvaje que podría terminar con la policía en la puerta.
Y hablando de fiestas salvajes, Venezuela está organizando una y parece que todos están invitados. Chevron y otras compañías ya están sacando los vasos y el hielo, pero Ecopetrol se hace el interesante. Barco admitió que “Venezuela podría ser una oportunidad”, que es el equivalente corporativo a decir “le escribiré a mi ex en un momento de debilidad, pero no ahora”. Por el momento, prefieren seguir en los bares que ya conocen, como los de Brasil y Estados Unidos.
Esta estrategia de no buscar nuevos horizontes es fascinante. En lugar de explorar el mundo, Ecopetrol se concentra en los nueve países donde ya tiene sus cosas. Es una diversificación geográfica para gente que no le gusta salir de su zona de confort. Según ellos, con lo que tienen en el Permian estadounidense y en Brasil, ya están servidos. Acaban de tomar el control de la brasileña Brava, su nueva plataforma para seguir haciendo lo de siempre, pero en portugués.
Pero la verdadera joya de la corona es el plan para traer a Colombia los “recursos no convencionales”, un eufemismo elegante para todo lo que aprendieron en Estados Unidos. Tras cinco años de prácticas en el Permian, están listos para aplicar sus conocimientos en casa. Solo están esperando que la nueva junta directiva les dé luz verde para empezar a «trabajar muy duro en ello», como quien pide permiso para usar el taladro nuevo en el apartamento un domingo por la mañana.
Al final, todo depende de los nuevos jefes que están por llegar. Barco y compañía tienen las maletas listas para un viaje a lo desconocido, pero todavía no saben si el nuevo gobierno les va a dar para la gasolina o les va a pedir que se queden en casa a ordenar sus cuentas. Mientras tanto, Ecopetrol sigue abrazado a ISA, su salvavidas financiero en un mar de crudo volátil.





