Los analistas de la Reserva Federal de Dallas descubrieron que el mayor uso del T-MEC amortiguó el golpe inflacionario que los propios aranceles estadounidenses amenazaban con provocar. En 2024 solo la mitad de las exportaciones mexicanas entraban bajo el acuerdo, pero ahora la proporción supera el 85 por ciento en sectores como computadoras y equipo de cómputo. Este salto repentino actuó como un salvavidas que impidió que las tarifas se transmitieran directamente a los precios.
El estudio señala que las mercancías que cumplieron las reglas del T-MEC pagaron aranceles mucho más bajos que las que llegaron por fuera. Esa diferencia redujo en un punto porcentual la carga efectiva durante el último trimestre de 2025. Si se hubiera mantenido el nivel de cumplimiento de 2024, el impacto sobre los precios habría sido casi nueve puntos base mayor, algo que los analistas describen como un dolor de cabeza autoinfligido.
La mitigación no fue uniforme en todas las industrias porque cada empresa tuvo distinta capacidad para cumplir con las reglas de origen y reorganizar sus proveedores. Algunas lograron documentar todo a tiempo y otras terminaron pagando de más por pura desorganización. El resultado fue un mosaico de alivios arancelarios que varió según el sector y la prisa por adaptarse.
Las importaciones representan cerca del diez por ciento del consumo de los hogares estadounidenses cuando se suman los canales directos e indirectos. Los bienes duraderos, como electrónicos y electrodomésticos, cargan con una exposición cercana al treinta por ciento una vez que se incluyen los insumos importados. Los servicios, en cambio, apenas alcanzan el cinco por ciento, lo que deja a los consumidores con una factura desigual según lo que compren.
Aunque muchos productos se fabrican dentro de Estados Unidos, sus componentes viajan por cadenas de suministro que ahora sienten el efecto de los aranceles. Los analistas advierten que los precios finales pueden subir aunque el producto no cruce la frontera. El T-MEC sigue funcionando como un conducto de tarifas bajas que, por ahora, frena parte del daño y mantiene vivo el nearshoring en la región.
En resumen, el acuerdo demostró que cumplir reglas puede ser menos doloroso que ignorarlas, siempre que las empresas no se duerman en los trámites. Los analistas concluyen que, mientras el T-MEC siga operativo, algunas presiones sobre los precios se mantendrán contenidas. El resto dependerá de cuántas empresas sigan el ejemplo antes de que llegue la próxima factura.





