La inflación en Estados Unidos se estanca en 3.7 por ciento por culpa de la energía

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El índice PCE se mantuvo en 3.7 por ciento anual durante julio, igual que en junio, a pesar de que los analistas esperaban una ligera caída hasta 3.6 por ciento. Este indicador, que mide el gasto de los consumidores, se mantuvo estable gracias al aumento de los precios energéticos. En la medición mensual subió solo 0.2 por ciento, casi como si la economía decidiera tomarse un descanso en medio del caos.

La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán ha provocado que los precios de la energía se disparen a nivel mundial. Irán bloquea casi una quinta parte del suministro de petróleo y gas que pasa por el estrecho de Ormuz, lo que ha encendido los mercados como si alguien hubiera prendido un mechero en un almacén de fuegos artificiales. Los bienes y servicios energéticos subieron 15.3 por ciento anual, aunque en mayo esa cifra llegaba al 24.1 por ciento.

La administración Trump enfrenta esta crisis de precios desde que llegó al poder el año pasado, con las políticas arancelarias sumando leña al fuego. Las familias estadounidenses cargan con aumentos que vienen desde la pandemia y ahora ven cómo el galón de gasolina regular ha subido 37.5 por ciento desde el inicio del conflicto. El tema se vuelve especialmente delicado porque los precios del combustible siempre generan dolores de cabeza políticos.

La Reserva Federal, que prefiere el índice PCE para medir la inflación, busca llevarlo hasta 2 por ciento a largo plazo. Sin embargo, lleva más de cinco años sin alcanzar esa meta. Los datos de julio probablemente le den margen para mantener las tasas de interés sin subirlas en la reunión de septiembre.

El nuevo presidente de la Fed, Kevin Warsh, insiste en combatir la inflación y algunos responsables de política monetaria piden alzas de tasas para enfriar el consumo. Subir las tasas encarece el crédito y reduce la demanda, aunque las familias ya sufren por los precios que no ceden. La gestión económica de Trump será un tema central en las elecciones de noviembre, cuando los demócratas intentarán quitarle el control del Congreso.

Al final, la inflación parece más terca que una suegra en una reunión familiar y los estadounidenses siguen pagando la cuenta mientras los políticos discuten quién tiene la culpa.

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