Trump se queda sin mayoría si los votantes se acuerdan de su numerito

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Las elecciones de medio mandato en Estados Unidos se acercan como una telenovela de las que duran tres capítulos y terminan con todos gritando en la mesa. Se renueva toda la Cámara de Representantes y un tercio del Senado, y los republicanos podrían perder el control que les permite a Trump firmar nombramientos como quien pide tacos al paso.

Los pronósticos dan la Cámara a los demócratas casi con la misma seguridad con que un suegro cuenta chistes malos. El Senado está más apretado, pero el estadístico de turno ya le pone un setenta y cinco por ciento de probabilidades a que los demócratas se lleven también esa mitad. O sea, Trump podría quedarse sin el mando a distancia para dos años.

La pregunta del millón es si esa derrota será un castigo por sus locuras o simplemente la costumbre de que el partido del presidente siempre pierde escaños en estas fechas. Desde mil novecientos cuarenta y seis solo dos presidentes escaparon a esa maldición, y ninguno se parecía a un presentador de reality gritando en un mitin.

La polarización ha convertido todo en un plebiscito nacional. El sesenta y nueve por ciento de los votantes admite que Trump será factor en su voto. Cuarenta y cinco por ciento lo hará en contra y veinticuatro a favor. El resto dice que votará por el precio de la leche, como si la democracia fuera un supermercado en rebajas.

El problema es que nadie castiga a su propio equipo. Un estudio calcula que solo el tres coma cinco por ciento de los votantes estaría dispuesto a castigar a un candidato de su partido por saltarse las reglas. Los demás prefieren mirar para otro lado antes que darle la razón al contrario, aunque el contrario tenga razón.

Si los demócratas ganan la Cámara podrán citar a ministros, pedir papeles y hasta iniciar un juicio político. La destitución sigue siendo casi imposible, pero al menos podrán ponerle candado al presupuesto y obligar a Trump a negociar como un adulto. O como un adolescente al que le quitan el móvil.

En el fondo, una derrota republicana frenaría a Trump más que cambiarlo. Y si los republicanos interpretan la paliza como castigo por sus excesos, igual se portan mejor. Si la achacan solo a la inflación, seguirán como si nada, peleando por el control remoto mientras el país se queda sin pilas.

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