Los votantes hispanos llegaron a las urnas como suegra a la boda del nieto: sin invitación pero con todo el poder. En Texas, donde casi la mitad del padrón es latino, el 69 por ciento decidió que los republicanos merecían un castigo más severo que una dieta de frijoles solos. Las mujeres latinas votaron demócrata en un 74 por ciento, como si les hubieran prometido que los hombres ya no dejarían la tapa del inodoro levantada nunca más.
**Gina Hinojosa se convirtió en la primera gobernadora latina de Texas** tras derrotar a Greg Abbott, mientras que en California Xavier Becerra ganó la gobernación como quien se lleva el último pedazo de pastel en una reunión familiar. Los jóvenes entre 18 y 29 años apoyaron a los demócratas con un 79 por ciento, demostrando que la edad no solo trae acné, también trae sentido común en la cabina de votación.
Mientras tanto, los republicanos ya empiezan a firmar papeles de divorcio político con Donald Trump. El vicepresidente J.D. Vance habla de una nueva derecha que se siente más decepcionada que un hincha del equipo que pierde en penales. Un congresista admitió que la popularidad del presidente rondaba el 35 por ciento y que la gente no soporta ni el precio de la gasolina ni los abrazos a Putin, como si el mandatario fuera el tío que llega borracho a la cena de Navidad y termina peleando con el pavo.



