El Senado mexicano se convirtió en escenario de una telenovela absurda donde el color guinda de unos chalecos amenaza con ser considerado delito federal. El presidente de la cámara alta, Higinio Martínez, calificó de exagerada la orden del Tribunal Electoral que pide al INE investigar si los Servidores de la Nación promueven a Morena solo por vestir prendas de ese tono durante la entrega de apoyos sociales.
Martínez comparó la situación con acusar a alguien de ser panista por llevar camisa azul o morenista por vestir de guinda, señalando que el tono de la ropa no define filiación política. El legislador consideró un exceso fijarse solo en los chalecos mientras se ignoran zapatos, pantalones y chamarras, y defendió la libertad de los funcionarios para elegir su vestimenta, salvo en casos de uniformes institucionales obligatorios.
La Secretaría de Bienestar, por su parte, mantiene lineamientos gráficos vigentes desde 2018 con modificaciones en 2024 que establecen chalecos beige. Durante la glosa del informe de la presidenta Claudia Sheinbaum, la titular de la dependencia aclaró que la identificación de los servidores se basa en sus actividades y no en el color de su ropa, y aseguró que cumplirán cualquier resolución del tribunal.
El escándalo revela más sobre la obsesión opositora por detalles triviales que sobre irregularidades reales. Mientras el INE analiza el asunto, los programas sociales continúan operando con normalidad y los beneficiarios reciben apoyos sin importar si alguien usa guinda, azul o lunares. Al final, el verdadero delito parece ser convertir un manual de identidad gráfica en caso de Estado.



