La mayoría de los países de la región vio subir sus rendimientos como si hubieran apostado todo al rojo y les salió negro. Argentina lideró el descalabro con un riesgo país que trepó 181 puntos y cerró en 787 unidades, un movimiento tan propio que hasta los analistas de Max Capital lo llamaron aversión al riesgo con estilo propio. Los tramos largos superaron los 800 puntos, más de 350 por encima de los países vecinos, como si el mercado hubiera decidido castigar al que más se porta mal en la fila.
Ecuador tampoco escapó del golpe y su indicador pasó de 488 a 576 puntos, mientras Bolivia subió de forma más discreta de 483 a 502. Brasil, que ya andaba con la resaca electoral tras la derrota de Flávio Bolsonaro frente a Lula, vio su riesgo avanzar de 171 a 194 puntos. México, por su parte, registró un aumento más moderado de 213 a 228, como si hubiera decidido quejarse en voz baja en vez de armar escándalo.
Los que mejor la llevaron fueron Uruguay y Chile, que siguieron siendo los más confiables de la cuadra con subidas mínimas hasta 84 y 104 puntos respectivamente. Paraguay, Perú y Panamá completaron el grupo de los más tranquilos, con valores entre 122 y 135. Venezuela, en cambio, siguió su propio camino desde la detención de Maduro, como el vecino que se muda sin avisar y deja la fiesta a medio armar.
Al final, el riesgo país mide cuánto más caro sale pedir prestado respecto a Estados Unidos, y en octubre ese sobrecosto se sintió en casi todos lados menos donde nadie esperaba. Los bonos bajaron de precio, los rendimientos subieron y los inversores exigieron más plata para seguir financiando el despelote regional.




