La empresa detrás del chatbot Claude ha presentado cifras que parecen sacadas de un guion de ciencia ficción mal escrito. En el tercer trimestre ingresó casi diecisiete mil millones de dólares, doce veces más que el año anterior. Sin embargo, también registró una pérdida neta de veintitrés mil millones, lo que demuestra que ganar más dinero no siempre significa tenerlo en el bolsillo.
El laboratorio de inteligencia artificial anunció su intención de invertir más de ochocientos noventa y cinco mil millones de dólares en los próximos años, principalmente en potencia de cálculo e infraestructura. Casi la mitad de esa cantidad se gastaría antes de dos mil treinta. Los inversores, mientras tanto, estiman que la compañía podría valer entre uno coma cuatro y uno coma siete billones de dólares en su salida a bolsa.
La empresa presentó la solicitud para cotizar en el Nasdaq antes de Acción de Gracias, con el símbolo ANT. Pretende igualar o superar los ochenta y seis mil millones que recaudó SpaceX en su debut. Goldman Sachs y Morgan Stanley lideran la operación, acompañados por otros veinte bancos que esperan su parte del pastel.
Los gastos operativos se dispararon un doscientos noventa y dos por ciento hasta los diecisiete mil quinientos millones de dólares. Las bajadas de precios en los nuevos modelos restaron seiscientos millones al crecimiento de los ingresos. A pesar de todo, la compañía sigue quemando dinero a un ritmo que haría sonrojar incluso al más despilfarrador de los herederos.
Los inversores observan con recelo cómo las grandes tecnológicas compiten por captar capital mientras el mercado se pone nervioso. Anthropic, OpenAI y otras firmas prometen valoraciones históricas, pero también advierten de riesgos existenciales para la humanidad. Al final, el mayor peligro podría ser que el público se canse de tanto número y tan poca rentabilidad real.




