El Banco Central del Paraguay decidió que ueno bank ya no daba para más y lo cerró como quien apaga la luz cuando la fiesta se pone aburrida. La entidad se quedó sin solvencia ni para comprar un paquete de galletas, y de un día para otro los cajeros se volvieron estatuas de piedra mientras los ahorristas miraban la pantalla como si esperaran que apareciera un milagro televisivo.
Los fondos del Estado, los jubilados y hasta la plata de la represa de itaipú quedaron congelados más rápido que una cerveza en la heladera de un político en campaña. Aproximadamente trescientos ochenta millones de dólares del instituto de previsión social se quedaron atrapados, y los jubilados ahora tienen que decidir si esperan el rescate o empiezan a vender empanadas en la vereda para sobrevivir.
El fondo de garantía promete cubrir hasta setenta y cinco salarios mínimos por persona, lo que equivale a poco más de doscientos veintiocho millones de guaraníes. Todo lo que supere esa cifra queda en un limbo que nadie sabe cómo se resolverá, salvo que el banco central decida hacer malabares con los números mientras los funcionarios corren de sucursal en sucursal como si estuvieran en una maratón de burócratas.
El presidente del banco central, que antes dirigió la financiera que luego se convirtió en ueno, ya firmó su renuncia pero sigue en el cargo porque la crisis no le da permiso para irse de vacaciones. El vicepresidente del país, por su parte, pausó su precandidatura presidencial como quien pausa una serie de netflix cuando se da cuenta de que la trama se está poniendo demasiado real.
Todo apunta a créditos sospechosos a empresas vinculadas, indicadores de liquidez que se derritieron como hielo al sol y un silencio oficial que duró varios meses. Ahora el banco central promete resolver todo en quince días o menos, aunque los pequeños ahorristas siguen cruzando los dedos como si estuvieran pidiendo un deseo en la fuente de una plaza abandonada. El sistema financiero, según las autoridades, sigue sólido. Solo este banco decidió convertirse en el chiste del año.




