El gobierno italiano ha montado un numerito digno de una telenovela de sobremesa tras descubrir que unos bromistas digitales decidieron convertir las neveras de los supermercados en saunas improvisadas. Lo que empezó como un calentón en Francia se extendió como rumor de vecindario por once países, obligando a tirar toneladas de comida que ahora parecen sobras de una boda mal organizada.
Los atacantes, que nadie sabe quiénes son pero que ya se imaginan con bigote y risa malvada, dejaron a los congeladores más calientes que el microondas de un soltero. En Italia solo cuatro tiendas sufrieron el golpe, y el daño quedó en unos cuantos miles de euros, lo justo para que los responsables de seguridad se excusaran diciendo que los sistemas eran tan antiguos como el teléfono fijo de la abuela.
En Suecia el grupo Coop también perdió algo de pescado, aunque solo siete de ochocientas tiendas. El portavoz local explicó que las redes 4G afectadas parecían sacadas de un museo de la tecnología, por lo que ahora corren a modernizar todo para que funcione en 5G, como si el problema fuera que las neveras no tuvieran suficiente velocidad para ver series.
La Unión Europea, entre tanto, declaró que esto es un ataque deliberado contra la cadena de suministro, como si alguien quisiera arruinar la paella colectiva del continente. Los expertos ya advierten que estas vulnerabilidades se aprovechan más rápido que las ofertas del Black Friday, y que lo mejor será actualizar los sistemas antes de que el próximo hackeo convierta los yogures en sopa.




