La Reserva Federal de Estados Unidos decidió subir las tasas de interés en 25 puntos básicos el pasado 16 de septiembre, llevándolas al rango de 3,75 a 4 por ciento. Los mercados interpretaron el movimiento como el inicio de un ciclo alcista que, sin embargo, parece más bien un paseo corto por el parque. Los operadores ahora apuestan a que en octubre todo quedará igual, con un 84 por ciento de probabilidades de que no se mueva nada.
Para diciembre, en cambio, el panorama cambia por completo. El mercado calcula un 72 por ciento de chances de que las tasas lleguen a 4-4,25 por ciento en la última reunión del año. Solo un 15 por ciento cree que el nivel actual se mantendrá hasta fin de 2026. Es como si los banqueros centrales hubieran comprado un boleto de ida y vuelta pero sin decidir aún en qué estación bajarse.
El presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, se limitó a repetir que garantiza la estabilidad de precios y que hace un mes retiró parte de la política acomodaticia. Durante un debate en Bangkok evitó cualquier pista sobre lo que hará en las próximas reuniones. Su única promesa fue no adelantar jugadas, como quien guarda las cartas hasta que el otro jugador se canse de esperar.
John Williams, presidente de la Reserva Federal de Nueva York, mantiene que será apropiado un aumento más este año, pero considera innecesario seguir subiendo en 2027. Señala que la inflación podría acercarse al 2 por ciento gracias a que se diluyen los efectos de los aranceles y de los combustibles. Según él, esa moderación compensaría las presiones que genera la infraestructura de inteligencia artificial.
Otras autoridades, como Beth Hammack de Cleveland y Lorie Logan de Dallas, opinan que hacen falta más subidas para que la inflación vuelva definitivamente al objetivo. Mientras tanto, el mercado observa cómo la Fed oscila entre una subida y otra sin terminar de definirse del todo. Al final del año, los inversores solo esperan que la indecisión no cueste más caro que las propias tasas.




