Flávio Bolsonaro exigió anular la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil después de que Lula da Silva lo venciera en una jornada llena de acusaciones y desorden. La petición llega justo cuando el ambiente ya estaba tenso entre bandos opuestos que no se soportan ni en las redes sociales. Todo empezó cuando la campaña de Lula pidió más tiempo para votar por fallos en el transporte público en estados clave.
El sistema de votación electrónica, que suele ser rápido y confiable, se convirtió en un desastre el domingo por la tarde. La solicitud de horas extras provocó que un magistrado del Tribunal Supremo ordenara mantener abiertos los centros de votación dos horas más, aunque solo en los lugares que aún funcionaban. Muchos ya habían cerrado sus puertas a las cinco de la tarde, hora local, y la medida generó aún más confusión entre los votantes.
El magistrado en cuestión fue nombrado por Lula después de haber sido su abogado personal, detalle que no pasó desapercibido para los opositores. Bolsonaro acusó directamente al tribunal de cambiar las reglas a mitad del proceso, algo que según él benefició a su rival. La ironía alcanzó niveles absurdos cuando la propia campaña de Bolsonaro también solicitó extensiones en estados afectados por el mal tiempo.
El resultado es un panorama electoral que parece sacado de una pelea familiar en la que todos piden prórroga para no perder. La petición de anulación de Flávio Bolsonaro solo añade más leña al fuego en unas elecciones ya marcadas por la desconfianza mutua. Al final, el único ganador claro parece ser el desorden que nadie esperaba en un país acostumbrado a votar sin tanto drama.




