La Reserva Federal se pone a dieta para adelgazar billones, como si fuera una celebridad antes del verano

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Resulta que hasta la Reserva Federal de Estados Unidos, esa máquina de imprimir billetes que parece no tener fondo, a veces se mira al espejo y se siente un poco hinchada. Según un estudio recién salido del horno de la Brookings Institution, la Fed podría quitarse de encima unos cuantos billones de dólares de grasa financiera si dejara de actuar como un padre sobreprotector que inunda a sus hijos con dinero y adoptara un enfoque más moderno y, digamos, menos agobiante.

El plan maestro, ideado por un tal Chris Hughes, propone una liposucción monetaria de proporciones épicas. Imaginen esto: la Fed pasaría de tener 6.8 billones de dólares en activos, una cifra que la mayoría de nosotros no podemos ni escribir correctamente, a unos más manejables 4.5 billones. Es como pasar de deberle dinero a toda la galaxia a deberle solo a tu sistema solar. El objetivo es reducir las reservas de efectivo del sistema de 3 a 1 billón de dólares, básicamente diciéndole a los bancos que aprendan a administrarse en lugar de nadar en una piscina de billetes.

Según Hughes, este es el momento perfecto para la “operación bikini” financiera, ya que el nuevo jefe de la Fed, Kevin Warsh, tiene ganas de hacer limpieza en el trastero. El investigador insiste en que estas oportunidades no aparecen a menudo y que no se debe desperdiciar el momento, lo que suena sospechosamente a lo que te dice un vendedor de coches de segunda mano. Si se logra, la Fed ocuparía menos espacio en la economía que en cualquier otro momento desde la crisis de 2008, y lo mejor de todo, reduciría sus pérdidas en dos tercios, porque sí, increíblemente, la gente que imprime el dinero está perdiendo dinero.

La clave de este truco de magia es abandonar el sistema actual de “reservas abundantes”, que en español de a pie significa “barra libre de billetes para todos”. En su lugar, proponen un sistema de “reservas elásticas”, que suena a ropa interior cómoda y se ajustaría mejor a lo que el mercado realmente necesita, en lugar de regar el jardín con una manguera de bomberos por si las plantas tienen sed algún día. Este sistema de abundancia nació tras la crisis de 2008 y se reforzó durante la pandemia, cuando la Fed se fue de compras como si no hubiera un mañana.

Por supuesto, no todos están de acuerdo con poner a dieta a la gallina de los huevos de oro. Algunos expertos, como John Williams de la Fed de Nueva York, son de la vieja escuela y creen que tener los bancos hasta el cuello de liquidez es bueno para evitar sustos. Básicamente, es el equivalente financiero a tener el frigorífico lleno por si llega el apocalipsis zombi. Él insiste en que el sistema actual, aunque caótico y carísimo, funciona para controlar las tasas de interés y mantener la fiesta en paz.

Al final, Hughes solo espera que el equipo de trabajo de la Fed no se limite a presentar una lista de buenas intenciones, como los propósitos de año nuevo que todos abandonamos en febrero. Quiere un plan concreto, con pasos a seguir y fechas límite. Mientras tanto, el resto de los mortales seguiremos intentando aplicar una versión de las “reservas elásticas” a nuestro propio bolsillo, estirando el sueldo hasta fin de mes como si fuera un chicle.

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