En el más reciente capítulo de la telenovela judicial que nadie pidió pero todos estamos viendo, una jueza de Miami se ha hartado de jugar al gato y al ratón con Donald Trump. Al parecer, el expresidente ha estado más escurridizo que jabón de hotel para sentarse a declarar, así que la jueza Enjolique Lett sacó el cinturón de su mamá y le fijó el 11 de diciembre como fecha límite para que, bajo juramento, cuente su versión del chisme contra la BBC.
La cadena británica, que debe estar arrepintiéndose de existir, enfrenta una demanda por la módica cantidad de 10,000 millones de dólares. ¿El motivo? Editar un video de Trump para un documental, presuntamente haciéndolo ver como el villano de una película de Disney que incita a las masas. El abogado de la BBC, con cara de no haber dormido en una semana, le lloriqueó a la jueza que Trump, en lugar de ir a declarar, se la ha pasado de gira artística por el país, pidiendo votos como si estuviera en campaña para rey del baile de graduación.
El abogado de Trump, por su parte, puso cara de póker y declaró que esta «no es una declaración ordinaria», porque su cliente «está envuelto en muchas cosas». Traducido del abogadés al español: «Nuestro cliente es una celebridad muy ocupada y no puede ser molestado con trivialidades como jurar decir la verdad». Seguramente está ocupadísimo organizando su colección de corbatas rojas, perfeccionando su peinado contra el viento y decidiendo qué tuit borrará mañana.
Mientras tanto, la BBC ya pidió perdón hasta por nacer, varios de sus ejecutivos salieron por la puerta de atrás y han negado haberle causado a Trump un daño equivalente al producto interno bruto de un país pequeño. Pero el magnate no quiere disculpas, quiere que le paguen como si le hubieran rayado el Ferrari del ego. Veremos si el 11 de diciembre el protagonista de este circo finalmente toma asiento o si manda a un doble con más bronceador.




