Un tribunal de apelaciones en Estados Unidos decidió que los inmigrantes sin papeles pueden quedarse encerrados como en una cárcel de película de terror mientras tramitan su deportación, sin derecho a que un juez los mire a los ojos y decida si merecen fianza. El Quinto Circuito, reunido como si fuera una junta de vecinos enfadados, sentenció que el tiempo que lleven en el país no importa ni un comino.
Los jueces explicaron con cara de pocos amigos que los demandantes no tienen derecho a una audiencia individual sobre si son peligrosos o si van a huir como si les persiguiera la suegra. Los tres afectados son mexicanos y hondureños con años en el país, hijos ciudadanos estadounidenses y vidas normales convertidas en pesadilla legal. Uno lleva más de dos décadas, otro desde 2011, y el tercero también desde entonces, pero para la corte eso da igual que un billete de metro usado.
Los inmigrantes habían pedido habeas corpus, ese recurso que suena a conjuro medieval, alegando que su encierro sin fianza violaba la Constitución. El tribunal reconoció que sí están protegidos por el debido proceso, pero añadió que esa protección no alcanza para pedir una audiencia como si fueran sospechosos de robar el tesoro nacional. Los tribunales inferiores los habían soltado, pero ahora el gobierno federal respira aliviado y puede seguir con las deportaciones.
Esta decisión llega en plena temporada de redadas bajo el gobierno de Donald Trump, que ha convertido la expulsión de inmigrantes en su deporte favorito. La Corte Suprema, de mayoría conservadora, ya se prepara para revisar otro caso similar, como si el asunto fuera un capítulo interminable de una telenovela judicial donde siempre gana el que tiene más poder.




