El peso mexicano se queda solo en la fiesta y los inversionistas ya pidieron su Uber

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Se acabó la pachanga, amigos. El peso mexicano, que durante años fue el anfitrión de la fiesta más rentable para los especuladores del mundo, se ha quedado sin presupuesto para el alcohol. Según analistas de Banco Base, Monex y BAI Capital, los inversionistas internacionales están abandonando al peso más rápido que a un amigo que pide prestado y nunca paga, todo porque su principal atractivo está desapareciendo.

El chiste se cuenta solo: Estados Unidos empezó a subir sus tasas de interés, haciendo su moneda más coqueta, mientras que el Banco de México decidió mantener la suya quieta. Esto provocó que la diferencia de ganancias entre ambas monedas, que era el equivalente financiero a un bufé libre, se hiciera tan pequeña como la paciencia de un adulto en una reunión de la escuela. Los grandes capitales, que no tienen ni un pelo de tontos, empezaron a desmantelar sus posiciones como quien desarma el arbolito de Navidad en marzo.

Esta estrategia, conocida entre los nerds financieros como «carry trade», es básicamente un plan para hacerse rico pidiendo dinero prestado donde es barato (como en Estados Unidos) para invertirlo donde te pagan más (como en México). Era el negocio perfecto, como poner una taquería frente a un estadio. El único riesgo era que el peso se devaluara, lo cual sería como si de repente a todo el mundo le diera por volverse vegetariano.

Y pues, pasó lo que tenía que pasar. Según Janneth Quiroz, la mandamás de análisis en Monex, la estabilidad del peso era el pilar de este negociazo, pero con la reciente depreciación, las ganancias se esfuman. Perder por el tipo de cambio es el equivalente a que te baje la cruda en plena junta de trabajo: te arruina por completo el beneficio que obtuviste la noche anterior. Los inversionistas ahora ven que el riesgo ya no justifica la recompensa.

Ahora la gran pregunta es si esto es solo un berrinche pasajero o el inicio de un divorcio en toda regla. La experta de Monex señala que la clave es ver si los inversionistas solo están reacomodando sus carteras o si ya de plano le pusieron una cruz a México en su mapa de riesgos. Mientras tanto, el peso mexicano espera en la barra, preguntándose si volverá a ser el alma de la fiesta o si tendrá que empezar a pagar sus propias bebidas.

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