Hyundai ha presentado unos resultados del tercer trimestre que superan las previsiones, impulsados por el buen comportamiento en Norteamérica y la India, que compensaron las caídas en otros mercados. El beneficio operativo subió un 5,5 por ciento hasta 2,68 billones de wones, unos dos mil millones de dólares, por encima de lo que calculaban los analistas. Las ventas de modelos híbridos en Estados Unidos, como el Santa Fe y el Sonata, se dispararon por el alza de la gasolina.
En la India las ventas al por menor crecieron un 9,5 por ciento, un dato que la empresa celebra como si hubiera ganado la quiniela. Las acciones subieron más de un 4 por ciento en Seúl tras conocerse las cifras, aunque luego recortaron parte de las ganancias y siguen un 60 por ciento por debajo del máximo de junio. Aun así, el repunte llega en un momento en que el sector automovilístico parece un partido de fútbol con el árbitro en contra.
Las ventas en China se desplomaron un 50 por ciento, las de Europa bajaron un 18 por ciento y las de Corea del Sur cayeron un 27 por ciento. Las entregas mayoristas rondaron las 920 mil unidades, un 11 por ciento menos que el año anterior, afectadas por huelgas y festivos. La empresa ha rebajado su objetivo de ventas para 2026 de 4,16 millones a 4 millones de vehículos y recortó su plan de inversión anual un 10 por ciento, hasta 16 billones de wones.
Los aranceles estadounidenses supondrán un coste de unos 4 billones de wones este año, una cifra que deja a cualquiera con la cara de quien recibe una multa por exceso de velocidad. Los ingresos del trimestre bajaron un 3,4 por ciento hasta 45,1 billones de wones. La subida del won también ha ayudado a reducir provisiones, aunque la mayor parte del dinero sigue llegando del extranjero.
Al final, Hyundai parece un padre de familia que cobra una prima por buen comportamiento pero tiene que pagar la hipoteca, el colegio y la factura del taller el mismo día. Los resultados dan oxígeno, pero el sector sigue pareciendo una montaña rusa con los frenos averiados.




