El banco español BBVA celebró un tercer trimestre con ganancias que subieron casi una quinta parte, como si el país azteca le hubiera inyectado energía extra mientras la sede madrileña bostezaba en la siesta. El beneficio neto llegó a tres mil veinte millones de euros, superando por poco las previsiones de los analistas que esperaban dos mil novecientos ochenta. México tiró del carro con un alza del 8,7 por ciento, compensando la caída en casa.
En territorio español las ganancias bajaron un 5,5 por ciento hasta los novecientos treinta y cuatro millones de euros. Los ingresos por intereses crecieron, pero los costes y las provisiones se comieron la fiesta como una suegra en la boda. El resultado quedó por debajo de lo que pronosticaban los expertos, dejando al equipo directivo con cara de haber pillado un resfriado en pleno verano.
México y España juntos explicaron tres cuartas partes de todo el beneficio del grupo. El país norteamericano siguió siendo el motor que no se atasca, mientras la operación ibérica parecía un coche con el freno de mano puesto. El contraste entre ambos mercados se volvió tan evidente como un torero en una discoteca.
El ratio de capital CET1 bajó al 12,2 por ciento desde el 12,9 por ciento de junio, por debajo de las expectativas aunque aún por encima del objetivo del banco. El descenso se debió sobre todo a una recompra de acciones que dejó al indicador más delgado de lo previsto. Los inversores observaron el dato con la misma cara que un niño al que le quitan el helado a mitad de la merienda.
Carlos Torres, tras el fracaso de la compra del Banco Sabadell el año pasado, decidió renovar el equipo directivo en julio y centrarse en lo que ya tiene en casa. Ascendió a Gonzalo Rodríguez como director financiero y fichó nuevo responsable de estrategia y fusiones. El movimiento parece un intento de ordenar la cocina antes de que se queme otra olla.




