El mundo ha perdido a su monarca más precoz, el rey Oyo de Tooro, en Uganda, quien falleció a los 34 años. Este hombre tuvo la peculiar distinción de ascender al trono a la tierna edad de 3 años, una época en la que la mayoría de los mortales están ocupados decidiendo si el pegamento es comestible o no. Su carrera como rey, que duró más que muchos matrimonios de Hollywood, llegó a un abrupto final, dejando a su reino con un chisme de primera: ¿quién será el heredero?
Aunque ostentaba el título de Récord Guinness como el monarca reinante más joven, su poder era más bien simbólico, como ser el presidente del club de jardinería. Gobernaba sobre el 3% de la población de Uganda, lo que en términos prácticos significa que tenía un club de fans considerable, pero el verdadero jefe del país era el presidente electo. Básicamente, era un rey con todas las galas y el saludo de reina de belleza, pero sin el botón nuclear.
A pesar de su rol decorativo, el rey Oyo no se la pasaba de brazos cruzados. Impulsó proyectos de todo tipo, desde educación y salud hasta la promoción del turismo, probablemente con el lema: «Vengan a Tooro, donde nuestro rey empezó a gobernar antes de dejar el chupón». Además, su billetera no era nada simbólica. Con un patrimonio estimado en 5 millones de dólares, figuraba entre los 10 reyes más ricos de África, demostrando que aunque no manejara el país, sí que sabía manejar sus finanzas.
La sucesión al trono ahora está envuelta en un misterio digno de una telenovela de las nueve. El primer ministro del reino aseguró que «la continuidad de la Corona está asegurada» y que Su Majestad dejó un príncipe heredero. Sin embargo, la identidad del afortunado se mantiene más en secreto que la receta de la abuela, y será revelada «en el momento oportuno», lo que ha puesto a todo el reino a especular más que en un programa de chismes.
Así se despide el hombre que tuvo el currículum más impresionante desde la cuna. Mientras la mayoría de nosotros a los 3 años estábamos aprendiendo a compartir los juguetes, él ya estaba en reuniones de estado, probablemente decretando siestas obligatorias para todos. Una vida corta pero intensa, que demuestra que algunos nacen con estrella y otros, directamente con una corona puesta, aunque sea de plástico y venga en una caja de cereal.



