El expresidente colombiano, Gustavo Petro, visitó la Feria del Libro del Zócalo para compartir dos verdades universales: que el cielo es azul y que Morena ganaría «casi con certeza» si las elecciones fueran hoy. Lo que nadie esperaba es que después sacaría un sombrero de papel aluminio para advertirnos del apocalipsis digital.
Según Petro, mientras el primer progresismo latinoamericano se financió con petróleo y tropezó electoralmente como si fuera una cáscara de plátano, el segundo ciclo fue directamente «robado» por la Matrix. Al parecer, la democracia está en peligro no por malas decisiones, sino porque la inteligencia artificial, controlada por cinco tipos en un garaje, está construyendo «mundos algorítmicos» que hacen que la realidad parezca un filtro de Instagram mal aplicado. Básicamente, las elecciones ahora las decide un ente cibernético que probablemente también te recomienda videos de gatos.
Para combatir este «tecnofascismo» y lo que llamó un «1933 global» versión 2.0, donde el algoritmo es el nuevo Hitler con bigotito de píxeles, Petro propuso una solución digna de una cadena de favores por WhatsApp. Su plan maestro: un activismo digital humano coordinado, donde miles de personas envíen mensajes a otros países. Una especie de Telehit político para salvar a Brasil. El público, en lugar de correr, respondió con un entusiasta «¡Lula!».
Al final, entre profecías electorales que hasta un niño con un ábaco podría calcular y advertencias sobre robots malvados, quedó claro que la política internacional es cada vez más parecida a un capítulo de Black Mirror comentado por tu tío en la cena de Navidad. Solo faltaron los reptilianos.



