El proyecto Stargate Argentina, que prometía un centro de datos de hasta 500 megavatios con una inversión de 25 mil millones de dólares, sigue atrapado en una simple carta de intención. Nadie del gobierno ni de la empresa ha dado señales de avance desde agosto, y la pelota sigue rodando sin que nadie la patee hacia la construcción real. El cofundador de Sur Energy, Emiliano Kargieman, ya había advertido que el contrato definitivo era la única forma de empezar las obras.
OpenAI ahora aclara que solo sería un comprador potencial de capacidad de cómputo y que todo depende de la energía e infraestructura que debe armar Sur Energy. Mientras tanto, la compañía recortó sus planes globales de inversión de 1,3 billones a 400 mil millones de dólares y canceló proyectos similares en otros países. El anuncio inicial se hizo tras una reunión de Javier Milei con representantes de la firma en Casa Rosada, pero los hechos concretos siguen sin aparecer.
La selección del terreno en Confluencia, Neuquén, avanzó con el gobierno provincial, pero Kargieman admitió que aún no se pasó de la carta de intención al contrato que permitiría iniciar la obra. De los 25 mil millones anunciados, unos 18 mil millones irían a placas de Nvidia que entrarían y saldrían sin dejar huella duradera en el país. El verdadero valor estaría en exportar cómputo usando la energía renovable de la Patagonia.
Kargieman mencionó acuerdos de provisión energética con Central Puerto y Genneia, además de un trato con Fluidstack, pero la adhesión al Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones sigue sin expediente en curso. El gobierno impulsa un Súper RIGI para atraer data centers, aunque el proyecto actual no ha solicitado el beneficio. Milei sigue hablando de convertir a Argentina en un polo mundial de inteligencia artificial junto a Estados Unidos, China y la Unión Europea.
Marcelo Mindlin, de Pampa Energía, señaló que el cuello de botella ya no son los chips sino la energía, y sugirió que los centros de datos deberían instalarse donde hay gas. Mientras tanto, el mega proyecto patagónico parece condenado a seguir como una promesa eterna que nunca termina de concretarse.




