Los fabricantes de chips surcoreanos como Samsung y SK Hynix se desplomaron más del siete por ciento por temor a regulaciones más duras sobre centros de datos. El índice Kospi cayó un cinco coma dos por ciento y los inversores parecieron huir como si hubieran visto un fantasma regulatorio.
En cambio los gigantes chinos Tencent y Alibaba subieron más del seis por ciento mientras el Hang Seng de Hong Kong ganó un cinco por ciento. El petróleo Brent siguió bajando hasta los noventa y tres coma noventa y cuatro dólares por barril tras la expectativa de que los demócratas intenten terminar el conflicto con Irán.
Los bonos del Tesoro avanzaron por segundo día consecutivo y el dólar se debilitó frente a todas las monedas del Grupo de los Diez. La rentabilidad de los bonos a diez años bajó hasta el cuatro coma ochenta y cuatro por ciento en un movimiento que los analistas describen como un alivio temporal.
El índice australiano subió un dos coma cinco por ciento y el Nifty de India ganó un uno coma ocho por ciento mientras el Nikkei japonés perdió un uno coma seis por ciento. Los futuros del Nasdaq cayeron un uno coma dos por ciento anticipando más dolores de cabeza para los semiconductores estadounidenses.
Al final los mercados parecen celebrar una victoria demócrata que promete más supervisión y menos incertidumbre bélica al mismo tiempo. Los inversores ahora esperan ver si esta rotación absurda se convierte en la nueva normalidad o en otro capítulo de la comedia electoral.




