Los republicanos sufrieron una derrota aplastante en las elecciones de medio mandato y los analistas coinciden en que la culpa la tiene la economía que aprieta el bolsillo de los votantes. La inflación provocada por los aranceles de Trump y la guerra contra Irán dejó a la mayoría de los hogares con precios altos que ya no aguantan más. Los ciudadanos acudieron a votar pensando más en sus facturas que en cualquier otro asunto.
Los aranceles trastocaron el comercio mundial y la guerra en Irán disparó los precios de la energía al bloquear el estrecho de Ormuz. Como resultado la inflación al consumidor llegó al 4,2 por ciento interanual en mayo y se mantuvo cerca de ese nivel. Los conductores pagan ahora un 38 por ciento más por la gasolina que antes del conflicto.
El mercado laboral parece estable pero ofrece pocas contrataciones y escasas oportunidades de mejora. Los salarios no han seguido el ritmo de los precios por lo que muchos trabajadores sienten que sus ingresos se reducen cada mes. La gente tiene empleo pero vive insatisfecha con el sueldo y las condiciones que recibe.
A pesar de un crecimiento del producto interior bruto del 3,4 por ciento en el tercer trimestre la prosperidad no llega a todos por igual. Los hogares de mayores ingresos avanzan mientras las familias de bajos recursos enfrentan mayor inseguridad alimentaria. Los economistas describen una economía en forma de K donde unos suben y otros se hunden.
Los demócratas controlarán el Congreso pero tampoco podrán resolver las causas principales de la inflación como la guerra y los aranceles. Los votantes ya decidieron que cinco años de precios altos son suficientes y castigaron en las urnas a quien los provocó. Ahora los republicanos pueden culpar a la piedra del zapato pero el pie sigue doliendo igual.




